Por supuesto a mi círculo intimo, y aunque sé que piensan que me propongo una tarea demente (nadie es profeta en su tierra), a su manera me apoyan.
Luego contacté a (ninguno contestó):
María Estenssoro maria.estenssoro@senado.gov.ar
Elissa Carrio elisacarrio@fibertel.com.ar
Nelson Castro puntosdevista@amdelplata.com
Con esta carta:
“Estimado/a …,
Mi nombre es Nicolás Raiti, analfabeto político (en palabras de B. Brecht) que he reconocido mi desidia y desinterés por la cosa pública y he decidido revertirla.
Resuelto a extirparme el analfabetismo, comencé una extensa reflexión y búsqueda de información sobre cómo participar, que se puede aportar desde lo individual, como se agrega valor a la política y a las instituciones.
Grande fue mi decepción cuando después de horas y horas de buscar y leer solo he logrado encontrar propaganda personal y aburrida oposición sistemática (seguramente válida, pero aconstructiva, puesta en saco roto). Pero nada, ni una línea, ni un foro, ni un blog, ni una ONG, nada que de pistas de cómo se participa, a donde dirigirse o con quien conversar.
Así se fue gestando una idea que clasificó a los distintos actores de la política nacional.
Los representantes del status quo (corruptos, políticos en funciones o en lista de espera y su larga comitiva de allegados (por ignorancia o conveniencia)).
Los opositores (valientes, arriesgados, sacrificados…, gotas de agua dulce desperdiciadas en un inmenso mar salado, que si logran mantenerse dulce no son de provecho para nadie o que saltan al grupo de los corruptos o son acusados de corruptos injustamente (miente, miente…)).
Los que opinan (con grandes ideas y concejos, que llenan hojas y hojas de diarios, minutos de radio y televisión o rebuznan en los living de sus casas y cafés, pero que no se presentan a un cargo público ni locos, es muy cómodo el sillón del crítico, “el que hace se equivoca” y ahí están ellos para sacarles un rédito al error ajeno).
Los analfabetos políticos (me atrevería a decir que somos la gran mayoría, los peores de todos, los más responsables, los que solo salen de su letargo y abandono público cuando les tocan su bolsillo).
Seguramente se han escapado algunos, pero creo que un 80% de la población cae dentro de alguna de esas categorías.
En este punto de mi razonamiento me asaltó un miedo atroz! No importaba en que categoría me ubicara, mi esfuerzo seguiría sin aportar un gramo de valor al país.
Si hubiera nacido en una sociedad más equilibrada nunca hubiera llegado a imaginarme involucrado con lo público, soy individualista, me gusta el bajo perfil y me resulta un esfuerzo relacionarme con los demás. Pero hoy siento que estoy frente a un accidente masivo y no hay médicos ni enfermeros para atender a los heridos. Sé que no es mi metié, pero me urge ayudar, me siento inmoral mirando el desastre de reojo.
Entonces se ilumina una esperanza muy lejana, quizás utópica y hasta ingenua, pero ya otras veces he tenido ideas así que he logrado llevar adelante (más por tozudez que por capacidad).
La idea es simple, si uno ve las proporciones de los grupos, queda en evidencia que están ordenados inversamente a la cantidad de individuos que agrupan cada uno. Además (y esta es la hipótesis a demostrar) los índices de corrupto/poco corruptos/honestos mejoran notablemente a medida que bajamos por la pirámide.
Entonces la gran pregunta que me hago es ¿Por qué los analfabetos políticos somos la mayoría?.
En parte debe ser por comodidad, pero también por engaño.
El status quo nos ha convencido (y hemos logrado desarrollar la profecía autocumplida) que la política es corrupta, impura, peligrosa para quienes no están dispuestos a transar. Con esta imagen colectiva les hacemos el caldo gordo y les dejamos el camino despejado a los corruptos de siempre y a sus aprendices (alumnos aplicados si los hay).
Entonces, ¿por qué la oposición no ha enfocado su esfuerzo en enseñar, en despertar el amor propio y por la patria?. Separar la paja del trigo, difundir que lo asqueroso, lo sucio y peligroso no es la política sino los que hoy la ejercen.
Ese es mi proyecto, asumir que la batalla actual está perdida, que debemos engañar al enemigo haciéndole creer que estamos quietos mientras generamos una conversión masiva de analfabetos en opositores y potenciales representantes del status quo (pero un nuevo status quo, uno que reencamine a este gran país en la dirección que nunca debió perder, que es el de la grandeza y de líder mundial).
Me gustaría saber su opinión, estoy buscando apoyo para darle vida a este proyecto, que sueño pueda aportar 50 mil nuevos políticos activos en 4 años.
Una vez leí que el ser humano nace para aportar las probabilidades necesarias para que de vez en cuando surja un Mozart, un Van Gogh, un Einstein, un Newton. Yo digo, hagamos nacer políticos para que surja un Mitre, un Sarmiento, un Avellaneda.
Saludos,
Nicolás Raiti.”
La primer respuestaUn día decidí contactar a un elegante y creativo crítico de la vida cotidiana, del que poco sabía (solo lo que su columna Semana XX en el suplemento Enfoque deja ver) y mucho pude aprender de su web y algunos libros.
No solo tuvo la amabilidad de responder, sino que además me convidó con una hora de su vida en la que me contó de Platón, Zorba el griego y Perón.
Esto fue lo que le envié a Sr. Esteban Peicovich desde el formulario de contacto de www.peicovich.com (este texto también se lo envié a el Rabino Sergio Bergman (sergio.bergman@gmail.com) y a Enrique Valiente Noailles (evnoailles@yahoo.com.ar). De ellos todavía no he tenido respuesta, pero no pierdo las esperanzas.):
“Estimado Sr.,
Hace poco me he descubierto un analfabeto político y he decidido extirparme esa brutal carencia de encima.
Al principio pensé que se trataba de un defecto personal, de una anomalía de mi combinación particular de células, pero rápidamente descubrí que soy hijo del original “no te metas”, que marcó mi infancia y mi juventud.
Bien, mitad del problema resuelto, ya se cual es, ahora solo debo corregirlo.
Con gran temor, y en contra a la recomendación eternamente repetida, decido comenzar a participar en la vida pública. Pongo en marcha una investigación para ver como se hace eso de participar e intento determinar cuál es la mejor estrategia para hacerlo.
Tras una breve reflexión decido que no se puede empezar todo de nuevo, que sería como proponerse armar un negocio de transporte y pretender inventar nuevamente la rueda y de ahí en adelante todo lo necesario para armar un camión.
Pero qué fuerte rechazo produce la idea de insertarse o apoyar a la política corrupta, inescrupulosa, eficiente para fines personales. Acá descubro otra fuerza que alimentó mi analfabetismo en mi etapa de madurez, es que nos han logrado convencer de que la política es corrupta. Una reedición del “no te metas” original, es que claro, que mejor manera de asegurarse la menor competencia que logrando que los honestos, responsables, capaces estén convencidos de que participar implica corroerse, corromperse o ser calumniado, desprestigiado y repudiado.
Está claro, hay que insertarse en alguna de las estructuras existentes, aprender de ellas las cosas positivas y sumarle rectitud, honestidad, creatividad.
Pero ¿se puede endulzar el océano echando gotas de agua dulce?, definitivamente no. Hay que proponerse una tarea más ambiciosa, hay que derretir los polos, hay que sacar del letargo y el aislamiento a miles y miles de gotas que no han descubierto su analfabetismo o que habiéndolo reconocido no encuentran el camino para participar.
Este es otro dato importante, intenté ponerme en contacto con las organizaciones que podrían resultar viables para canalizar mis inquietudes, me ofrecí en reiteradas oportunidades para formar parte, para sumar en lo que fuera necesario; de todas obtuve el mismo penetrante y ensordecedor silencio, un implícito “no te metas”. Esta respuesta se intuye visitando las páginas web de los distintos partidos, en ninguna de ellas se difunde su actividad ni se promueve la participación. Se repite un estruendoso “Votame, pero no te metas”.
¿Qué hacer?, se que no soy especial, ni único, ni genial. Miles deben estar en la misma situación, sin “contactos”, siendo inválidos en la vida pública. Miles como yo dispuestos a intentar un cambio, miles sin encontrar una sola fisura en la coraza protectora de los “políticos”.
¿Es que no deberíamos intentarlo? Regalo mi idea a quien tenga los medio para ponerla en marcha y me pongo a disposición para sumar lo que sea en esa empresa de derretir la indiferencia, de abrir los ojos y el corazón, de despertar el coraje. Reemplazar el “que se vayan todos” por un Vamos Todos
Una vez leí que el ser humano nace para aportar las probabilidades necesarias para que de vez en cuando surja un Mozart, un Van Gogh, un Einstein, un Newton.
Yo digo, hagamos nacer políticos para que surja un Mitre, un Sarmiento, un Avellaneda.
Me gustaría conocer su opinión.
Saludos,
Nicolás Raiti.”