Es viernes, recién son las cuatro y veinte de la tarde pero el transito ya está gomoso para salir de Buenos Aires.
A cada metro que avanzo voy imaginando como será la reunión. Será la segunda acción concreta, de la vida “real”, que sale de stupere. Estoy seguro que no será la última.
He hablado hace una semana con él durante casi dos horas, no nos conocemos más que por esta conversación y un par de mails cruzados.
Juan Jose fue el primero en responder a mi propuesta y uno de los pocos que no necesitó otra explicación que la criptica carta publicada por La Nación para entender que proponía hacer algo concreto en torno de la vida pública y que buscaba a quienes quisieran sumarse.
Él, más puntual que yo, atendió mi llamado para avisarle que estaba quince minutos demorado ya en el lugar del encuentro.
A las 17:15 se develó el misterio, ambos pudimos asociar un rostro y un cuerpo a las ideas y la voz hasta entonces anónima.
En ese instante el tiempo se relajó, como dejando que uno pudiera disfrutar más de lo que está viviendo. Las próximas dos horas hablaremos sin parar, retomando muchas veces el punto de inicio, pero siempre para sacar conclusiones e ideas nuevas.
Hablamos bastante de nosotros mismos, para los dos era importante saber a quién teníamos sentado enfrente.
De repente suena un celular que nos devuelve a la realidad, a los dos se nos está haciendo tarde para atender otros compromisos, pero aún le logramos robamos unos veinte minutos más a lo cotidiano.
Nos despedimos más amigos, sabiendo que nos proponemos una tarea Hercúlea, pero con la sensación de no estar totalmente locos, o por lo menos contar con una compañía en esa locura.
El regreso es todavía más tumultuoso que la ida, no tanto por el tránsito como por las cosas que dan vuelta en mi cabeza y que me ha llevado más de una semana poner en orden.
Concreto:
Hemos reforzado la idea, debemos hacer algo.
La experiencia nos dice que ni siquiera alcanzar ese núcleo de 15 o 20 personas será fácil, pero estamos seguros que vale la pena intentarlo.
El proyecto debe tener un espacio propio distinto de mi blog, quedamos en buscar alternativas. Podría ser un foro, aunque nos preocupa cómo controlar la webización. Creemos que debe haber una registración con datos que permitan verificar la identidad de quien participa. El quehacer en la vida pública implica un grado de exposición que es necesario asumir.
Llegamos a la conclusión que lo primero que debemos demostrar es que somos capaces de hacer algo, tenemos que proponerle al que quiera participar una idea muy concreta, simple y que no de la impresión que se deberá dejar la vida en ella.
Chalamos sobre “El futuro es tuyo” http://www.bubok.com/libros/926/El-futuro-es-tuyo, un libro escrito por más de 120 personas como ejemplo concreto sobre la posibilidad de utilizar la tecnología como una herramienta de colaboración para lograr resultados concretos.
El pensamiento único es un tema que nos planteó algunas inquietudes, ¿Cómo hacerse una idea cabal de los temas si los medios que leemos tienen una tendencia? Incluso es difícil encontrar distintas opiniones en gran parte de la prensa escrita.
Hay que investigar y aglomerar información sobre periodismo independiente que nos permita a partir de distintas visiones lograr sacar una conclusión. De todos habrá que sabe leer entre líneas para quedarse con lo útil, descartando la radicalización.
En el cúmulo de ideas también están dando vuelta el cómo crear tormentas de ideas positivas. Sugerimos que quizás con un “foro anónimo” donde sin ningún tipo de identificación (ni siquiera nick) se puedan tirar semillas. Lo anónimo es para evitar que prejuzguemos una idea por quien la dice.
Hasta acá lo que yo pude retener. Juan José, te pido que me corrijas o completes si me ha faltado algo.
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